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El camino a Machu Picchu (Diario de un viajero japonés) II

El camino a Machu Picchu (Diario de un viajero japonés) II La segunda ciudad que visité después de Lima fue Arequipa. El destino de este viaje era Machu Picchu y habían tres rutas por tierra desde Lima, para llegar ahí. La ruta Huancayo-Ayacucho, era la más corta, luego Nazca-Abancay y la ruta Arequipa-Puno, que era la más larga, pero pensé que sería más cómodo ir por la carretera panamericana y que Arequipa sería un lugar adecuado para acostumbrarme a la altura. Arequipa está a unos 2,500m sobre el nivel del mar.

Además, mi guía decía que la ciudad era hermosa, que habían muchas casas grandes que tenían el estilo colonial y se podía ver la catedral con el Misti de fondo. Y lo que me encantó sobre todo, era una frase romántica, algo así como: “Cuando la luna se separó de la tierra, se olvidó llevar Arequipa”. Esta frase me hizo recordar un cuento japonés antiguo, se llama “Taketorimonogatari”.

En este cuento, un viejo campesino fue a la montaña y se encontró con un bambú que brillaba en una parte. Él se sorprendió y lo cortó con mucho interés. Entonces vio una bebé, pequeñita y hermosa, llorando dentro del bambú. Él la llevó a su casa y la criaron cariñosamente con su esposa. El tiempo pasó, la bebé creció y se convirtió en una chica muy bella, tanto así, que los jóvenes nobles de la capital, venían a pedir la mano de ella. Pero ella, Kaguyahime, siempre les decía que “no”, aunque fueran muy guapos, ricos y cariñosos. Los padres viejos adoptivos estaban muy preocupados porque no entendían por qué a Kaguyahime no le interesaba casarse con ninguno de ellos.

Un día, ella les confesó a sus padres de dónde vino y que debería regresar ahí en el futuro. Los padres adoptivos estuvieron sorprendidos al escucharla, porque ella dijo que había venido de la luna y su familia estaba esperando su regreso. Y en una noche de luna llena, el momento de su regreso había llegado por fin. Los jóvenes nobles llegaron con sus soldados para protegerla pero cuando los enviados vinieron a recogerla, bajaron y al acercarse a la tierra, los soldados se quedaron paralizados. Kaguyahime se despidió de sus padres de la tierra con el rostro bañado en lágrimas y subió a un vehículo de los enviados.

Aunque el lunático quiere decir gente loca o rara en español, la luna siempre suena muy romántica para los japoneses, por lo tanto hay chicas que prefieren bromear a decir “no”, “tengo que regresar a la luna” cuando no quieren recibir la proposición de matrimonio.

Cuando llegué al centro de la ciudad, la verdad es que me dio una buena impresión como la imagen que había tenido. Era una ciudad tranquila y tenía un ambiente familiar. Su tamaño no era muy grande y no había mucho tráfico. Las piedras blancas que a veces podíamos ver en la pared de los edificios eran maravillosas. Dicen que en las montañas de Arequipa se producen las rocas volcánicas que tienen color blanquecino, y que son deslumbrante en el sol. Así que Arequipa también tiene un apodo como “La Ciudad Blanca”.

Me cayó muy bien Arequipa, aunque fue una lástima que no pude ver el Misti, por causa de que estuvo lloviendo y nublado durante toda mi estancia. A pesar que en el primer hotel al que fui no salía agua caliente en la ducha y estuve temblando en el baño. Así que tuve que buscar otro hotel con la mochila pesada bajo la lluvia. La Catedral que vi en la Plaza de Armas era hermosa, la fachada era elegante y grande. El ancho de la Catedral se extendía hasta la Plaza de Armas. Y adentro, lo más impresionante era el órgano, muy grande, que se trajo de Bélgica. Se decía que fue el más grande de Sudamérica.

En cuanto a la comida arequipeña, a mí me gustó mucho. Habían bastantes restaurantes buenos y baratos. Las comidas que más me gustaron fueron la ocopa y el chupe de camarones. El primero es un plato de papas con salsa picante condimentada y queso frito, y el otro es una sopa con camarones y verduras. Como hacía bastante frío en Arequipa, imagínense qué ricos estaban!

Yo no pude pasar más que un día en Arequipa, y lástima que no me encontré con Kaguyahime, a pesar de ello, Arequipa es una ciudad que estoy seguro que no podré olvidar.

Texto y foto: Junichi Uruta

2 comentarios

Anónimo -

Hola, encontré este blog de casualidad, soy arequipeño y es agradable saber que a los turistas les gusta mi ciudad natal Arequipa, aunque ahora hay un pequeño problema de protestas pero pronto pasará y espero no desanimen a más japonese a visitar La Ciudad Blanca.

zenia -

Saludos Enrique. Ya coloqué un enlace con tu página. El teatro es una bella manera de unir a los seres humanos.
¡Exitos¡